Y ahí días que se te ocurren las cosas mas tontas. Hace dos días, por ejemplo, que pensé “hace demasiado que no lloro”. Por lo menos tres semanas. Y por que no ahora, ¿no? Las personas nos empeñamos en buscar una aguja en un pajar, un pequeño motivo que me produzca tristeza. Algo de desdicha, el momento triste, el sueño en el que todo acababa mal. ¿Egoístas? Egoístas son los que no necesitan abrazos.
Y es verdad que unos los buscan y a otros les vienen a montones, pero son esos pequeños momentos los que te hacen llorar de verdad. Te das cuenta de repente, mientras tomas un helado con tus amigos, hablas de una buena noticia con tu familia, paseas a solas por la calle atestada de gente. Es ese instante eterno en el que todo parece cambiar de color, cuando se marchita la flor a cámara rápida. Ese mismo momento, en el que probablemente los de tu alrededor te miren sorprendidos, buscando una respuesta a la preguntita del millón, cuando te echas a llorar como si no existiera un mañana. Y lo que no sabes es que quizás no haya un mañana.
Así que, ¿Por qué lloras?

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