viernes, 22 de octubre de 2010

Cosas que hacer antes de morir.

A veces me gustaría dejarlo todo. Después me arrepiento. Pero, por otro lado, no sería tan malo. ¿Qué puede haber peor que la desigualdad del mundo en el que vivo? ¿De la guerra? ¿O del odio? ¿Del rencor y las malas intenciones que tenemos de vez en cuando hasta los más inocentes?
Y, ¿Quién va a echarme de menos?
Soy muy egoísta. Lo reconozco. Quiero una huella que jamás se borre, estar siempre presente. Ser amada después de haberme ido, sabiendo que he hecho todo lo posible por ser amada también antes de haberlo echo.
Quiero el mal recuerdo, pero endulzado. Y el bueno, acompañado de un fuerte llanto por saber que ese momento no va a volverse a repetir. Es una manera petulante – además de cobarde - de afrontar la muerte. Y también un pensamiento constante en la mente de aquellas personas de sensibilidad extrema. Aquellas personas que sueltan lágrimas observando una simple fotografía, una obra de arte, una dramática escena, incumba o no incumba a su vida. A personas como yo. Pero, como además de mentalmente-hiperactiva, también soy peliculera, me gusta montarme una vida de ensueño en la cabecita, así como protagonizar las historias más emocionantes. Y sin dejar el tema, ¿Por qué no íbamos a “actuar”?
Cojo un lápiz y un papel - ¡siempre tradicional! – y me hago una lista de cosas que quiero hacer antes de morir. Sí, ¡algo así como en la película de Isabel Coixet (mi vida sin mi)!. Y es sorprendente la variedad del contenido. Desde pequeñas e insignificantes cosas, a las más grandes (o más costosas), las imposibles, las platónicas. Exacto, he escrito incluso lo que no puedo cumplir. Pero, total, puestos a soñar…que desaparezca lo demás.
Cuando acabé la lista y la releí, reí el mismo tiempo que lloré. Porque, que bonito sería…que hermoso si…y que agradable aquello otro. Que confusión más dulce. Que palabras tan mías. Personales. De nadie más. Y no he utilizado la goma de borrar ni una sola vez. ¿Por qué iba a borrar mis propias ganas?
Punto por punto, me doy cuenta de que la lista no es tan larga. Y, con un ojo nada crítico, vuelvo a leerla otra vez, dándome cuenta de que el primer punto es, nada más y nada menos que miedo. Que vuelvo a principio una y otra vez, sin darme un respiro, matándome yo misma con mi propia estupidez.


“Punto 1: Quiero ser recordada”.


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