sábado, 19 de junio de 2010

Coral

Coral. La brisa entraba sin prisas y mecía la persiana estampada del enorme ventanal. El sol se estaba poniendo, pero seguía teniendo la luz suficiente como para verla a la perfección. Delante de mí, sobre una extraña alfombra de colores vivos, rodeada de llameantes velas pequeñas que cernían el ambiente de un exquisito olor exótico. La habitación era grande, espaciosa, y en cambio, no podía ver más allá que sus ojos pardos. Me tenían intrigado. ¿Qué habría detrás de la tela? Ya sabemos que el trailer es más emocionante que la película. ¿Sería así con la princesa? Desde luego yo no tenía ninguna duda que, fuera lo que fuese que había detrás de aquel pañuelo esmeralda, no iba a conseguir parar los fuertes latidos de mi corazón. Alargué la mano y ella rehusó a acercarse a mí con una mirada cargada de miedo. Sonreí levemente y volví a intentarlo. La tela era sueva y escurridiza, pero al quitarla de su rostro rocé su piel y me pareció de seda. Su pelo negro y su oscura piel me dejaron sin aliento los siete primeros segundos. Después cogí aire y volví a soltarlo. Su labio inferior tembló levemente cuando mis ojos fueron a parar a su preciosa boca de labios llenos. “¡sonríe!” mandó mi voz interior. Y mientras pasaban los minutos sus labios se curvaban cada vez más hacia arriba. Sonrió. Si. Sonrió. Sentí la llama, latente en su alma y supe que fue feliz conmigo, sin normas, sin tradiciones, sin el pasado, sin ataduras.




Photo: Stop the oppression of women in te Islamic world: www.ishr.org

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