Al principio tenía mucho miedo. Pero una voz dentro de mi me corrigió e irguió mi espalda. "Con la cabeza bien alta", susurraba. Pensé en hacerlo sin pensarlo dos veces, y corrí hacia ello como si me persiguiera el demonio. Las primeras caladas de aquella nueva sensación me recordaron que pisaba tierras desconocidas, y sentí frio y soledad. Entonces las corrientes hicieron su tarea, me empujaron y ayudaron a reponerme del pinchazo y yo respiré tranquila. La inmensidad del espacio ya no me asustaba. El cigarrillo se había consumido tan rápido como mis miedos.
P.D: ¡2º me espera! ¡Here I go!
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