
[...]Tú decías “aunque el sol deje de brillar, yo estaré allí para abrazarte en la noche”. Nunca entendí al cien por cien esa frase, Joseph. Nadie la cantó para mí, siquiera la pronunció o escribió. Lo se. Es triste. Pero no me importa ahora, esta noche. No tengo dinero. Trabajo día y noche. Envío dinero a mi familia, la que esta tan lejos de mi que no puedo quizás ni siquiera me recuerda. Mi corazón se rompe poco a poco, mientras intento sonreírle a la persona que asegura quererme y se me revuelve el estomago al mentirle. ¿Crees que algún día podré amar de la misma manera en la que tú amas la música?
Perdóname. Sé que no he empezado muy alegre esta carta. Pero, aunque te parezca extraño, no me apetecía escribirte todas esas frases que, esta asegurado, te escriben más de cien mil chicas enamoradas de ti. Solo quiero hacerte saber que, por muchas veces que me auto-convenza que jamás voy a conocerte, sigo escuchándote en cada espacio de mi mente. Cuando estoy caminando por la acera después del trabajo en el estudio, a 38 ºC de temperatura, en el cielo, junto al sol; allí esta tu voz. Cuando abro los ojos forzosamente a las 5 de la mañana, debajo de la almohada; allí esta tu voz. En el estante donde reposan mis libros de ilustraciones; junto el marco de fotos en donde sonríen mis dos amigas y familia en Wyckoff, Nanci y Lola; allí esta tu voz. Y en la estación de trenes atestada de gente. Y en el café Beltrán de la sexta avenida, donde descanso unos minutos en la última mesa del fondo cada día, al lado de la ventana, cerca de las 17 de la tarde con mi café dulce en las manos, esperando que nadie se percate de que intento apaciguar mi amargura con casas tan efímeras como un café con leche. Allí, Joseph. Allí esta tu voz. Y en todos los lugares que piso. En las cuerdas de mi guitarra. En el olor de mi jersey azul. En las confusas palabras de la gente. En mi vida. En mi corazón.
¿Cómo acabará esta historia?
Yo lo sé muy bien. Estas cuatro palabras quedarán olvidadas en cuanto arrugue este papel. Y se las llevará el viento.
Pero no sabes lo que daría por ver tus ojos y recuperar la paz en mi ser.
Firmado: alguien que te siente hasta la saciedad.
No se compara a la de una argentina pero algo es algo. :)
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