
Si. Estaba harta. Harta de todo y de todos los que me rodeaban. No quería saber más de nadie durante unos días, desconectar de todo sería lo que más me ayudaría. Quería gritar. Quería salir de aquella casa. Y así lo hice. ¿Dónde fuí a parar? Al tejado, por supuesto. Mi lugar favorito de la casa: pocos subían allí a altas horas de la madrugada, era un lugar lleno de paz y con las mejore vistas del mundo entero (casi no exagero). Las nubes, aunque las distinguiera con la poca claridad que ofrecía la luna (únicamente ella destapada) se veían negras, llenas de rencor. Quizás estaban igual de negativas que yo. O quizás necesitaban descargarse, llorar. En ese momento me sentí complacida de estar viva y poder apreciar tantos sentimientos en ese cielo tan extenso que para mí se hace pequeño de vez en cuando. Era tal la mezcla de sentimientos, que ni siquiera me salían las palabras, y tampoco me di cuenta del largo tiempo que pasé observando mi techo personalizado, contando las lagrimas que se derramaban ahora fuertemente de las silenciosas (rencorosas, heridas) nubes, pensando que quizás en todas y cada una de ellas quedaba un resquizio de tu presencia, la que estaba conmigo, la que me guiaba en la vida. Esa que había desaparecido. ¿Su paradero? Dímelo tú, mi vida. ¿Dónde esta tu presencia?. Entonces supe el porqué de esa pasión mía por admirar el cielo. Cada segundo que te buscaba allí arriba, era una sonrisa dibujada, un dulce beso, una palabra de aliento.
Lo que me queda de tí.[...]
Hola Black Star, déjame un rinconcito de tu tejado, que hoy necesito gritar y sacar de mi interior todo lo que me harta y me late. Pero ya no tengo fuerzas ni para gritar o llorar siquiera. Creo que si corre aire y me dá en la cara podrá llevarse la necesidad que siento hoy de morirme, y esperar tranquilamente y con sosiego ha hacerlo mañana. Tu tejado y tus escritos me darán una tregua.
ResponderEliminarHoy estoy hundido pero quizás mañana pueda comenzar a sentir de nuevo, y la visita a tu blog y el leerte me alivia.
Un beso