Mira que huele mal la mañana en esta calle sin salida. Los gatos parecen desesperados y los humanos caminamos al revés con tal de parecer normales. Tú bien sabes que no lo somos. Somos, en todo caso, peores que los gatos, que buscan sobrevivir buscando en la basura, que maúllan para comunicarse, que miran con malos ojos. Mucho peores, sí. Mucho peores.
Seguimos quejándonos del rápido transcurso de la vida sin saber que cuantos minutos malgastamos haciéndolo; minutos que, al fin y al cabo, podrían ser aprovechables para ralentizar el tiempo que nos queda.
Nadie quiere darse cuenta de la verdad y la pintan de diferente color. Todos somos grandes artistas cuando nos lo proponemos. Si hay algo que tiene un fatal final asegurado, mantenlo en tabú. Ni siquiera lo nombres.
Y cómo me cambias la concepción del hoy. Si tuviera que darte las gracias por cada minuto en tu compañía que me hace olvidar el resto de la ignorancia generalizada de este mundo en el que vivo, no acabaría jamás.
Lo más curioso es que de entre tantas y tantas personas, en un planeta tan grande dentro de un universo infinito, has llegado a mi vida. ¿A quien debo darle las gracias?

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