viernes, 23 de abril de 2010

Definitivo.


Dice mi diario en letras mayúsculas: "Bienvenido a mi verdad". ¿Y que verdad más verdadera que la mía? ¿Quieres comprobarlo? ¿Necesitas ver mis lágrimas? Las tengo guardadas en incontables frascos de cristal. Tengo una habitación donde la ventana deja entrar el Sol por la mañana, cuando estoy sola, y crea auras mágicas que me hacen reír de felicidad. Pero por la noche todo es oscuro. Ya no entra luz y la estantería donde descansan los pequeños botecitos de cristal gastado parece temblar, resquebrajarse y derramar el líquido por toda la habitación. Es entonces cuando oigo sus pasos y me invade una intensa agonía. ¿No era él, el que decía "voy a llenar todos los vacíos de tu corazón"? ¿"Si te caes, voy a cogerte. A cogerte muy fuerte"?. Y me cogió. Pero lo hizo tan fuerte que me hirió los brazos. Marcas que sanarían y se borrarían del cuerpo, pero no del alma. Incluso así, destructor y al filo de la locura, seguía mirando sus ojos y viendo un paraíso que alcanzar. Que estúpida visión exótica ofrecían sus ojos oscuros. Que hermosa. Pero al fin y al cabo, que mentirosa. Al mismo tiempo que prometía la luna, apretaba la soga en mi cuello y las cadenas en mis manos. Al mismo tiempo que sonreía frente a ti, descargaba su ira sobre mí. Y aquí me ves. O mejor dicho, aquí me lees. Se que me estas leyendo. Se que buscas pistas sobre todo lo que ha ocurrido. Y la única que puedo darte es esta, así que vuelvo a darte la bienvenida a mi verdad, con un "buenos días" seguido de un "adiós". Definitivo.

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