viernes, 13 de noviembre de 2009

Niebla en mis ojos.


Fue la última hoja caída de aquel árbol. La última. Marcó tanto como tu partida. Contaba con impaciencia las escaleras que conducían al piso de arriba. Allí donde estabas tú. La segunda puerta a la derecha, puerta cerrada, música intentando liberarse de la pequeña habitación. Tenía unas ganas tremendas de abrir la puerta sin picar y que aquel olor tan tuyo reviviera mis ganas chocandome de frente. Así fue como subí el último peldaño de crujiente madera gastada por los años. Me asusté por la oscuridad del pasillo, pero se me pasó enseguida cuando pensé en lo que me esperaba. Y es que era tanta la necesidad de verte que todo lo demás se me olvidaba. Fue ahí donde, mientras caminaba desprendiéndome de mi abrigo azul, incrementó mi ansiedad. Llegaría. Llegaría y nos clavaríamos los ojos, como pasó en aquellos lejanos días. Llegaría, y estaba segura, reiría. No sonreiría. Sería una risa fuerte, sonora, especial. Porque, probablemente, estarías natural. Como siempre. Descalzo. Tus pantalones preferidos, aquellos rasgados, junto con una camisa blanca, remangada, de lo más normal, más tu cabello alborotado, rostro algo pálido y ojeras pronunciadas que no hacían más que hacerte todavía más atractivo; brillo en los ojos y miles de palabras bonitas para mí, en tus manos, en tus labios, en tu interior. Estaba tan segura de eso. Tan segura...Que entonces, seguramente, después de habernos mirado y remirado durante instantes eternos, correría a tus brazos por el simple echo de despegar mis ojos de los tuyos y recoger el oxigeno suficiente para volver a respirar con normalidad. Me abrumaría con tu perfume y abriría bien los brazos para rodear tu espalda. Siempre te lo repetía una y otra vez. Me encantaba contemplarte de espaldas. Era tan ancha; y cuando se arqueaba...tan hermosa. Era una de las cosas casi perfectas en ti. La miraba de todos los ángulos y seguía viéndola armoniosa, delicada. La acariciaría mientras te escuchaba respirar sonoramente sobre mi hombro y mis latidos aceleraban sin querer. Y, seguro, me separaría y seguiríamos analizándonos. Siempre era así. Como si fuésemos completos desconocidos tratando de escanearnos el corazón en busca de sentimientos del uno hacia el otro. Lo que me hacía sentir feliz era que eso no me importaba. Jamás dejaría de sentir dudas en cuanto a ti. Y eso me creaba más admiración, más aun sabiendo que estabas igual que yo: filosofando por mi. Que largo era aquel pasillo...que oscuridad. Pero ya había llegado a tu puerta. Y has de saber, que cuando rocé el pomo helado con intención de abrir sin picar, sentí una descarga eléctrica que me recorrió la espina dorsal y me hizo estremecer.
Pero, aunque en esta carta hayas leído probablemente demasiadas emociones o sensaciones juntas, ninguna; oyeme: ninguna, ninguna será igual que la que sentí al encontrar sabanas manchadas de rojo, pulso cero, final de mi historia, niebla en mis ojos.
Fue entonces cuando dirigí mi vista a la ventana y observe la última hoja caer, dejando remorderme la conciencia al preguntarme ¿porque si yo solamente te necesitaba a ti, tu necesitabas solamente al cielo?.
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P.D: ¡Que rápido se acaban los sabados!

3 comentarios:

  1. Haz como yo Star, empalma el sábado con el domingo y ya te parecerá más largo.
    Y no te quejes que has ido de excursión por esos mundos, y yo solo he llegado hasta Sant Feliu.

    Muy bueno el relato que acabo de leer. Eres una escritora joven pero muy madura.
    No sé si ya lo has hecho, o tienes algo en proyecto, pero creo que estás preparada para escribir un cuento o novela corta. Pero primero los estudios, que ya sé que te van bien y estás contenta. Lo estamos todos.
    Muchos ánimos para tus proyectos.
    Cúidate.

    Besos de tu fan núm. 1

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  2. Y pon el reloj en hora, que pienso que son las seis de ayer tarde y ya son las tres de la madrugá.

    Petonets

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  3. Un relato que vive, palpita, se agita por su inquieta trama…cómo una escalera de caracol, sube la emoción por conocer el desenlace y este, cae como la última hoja…amor que no pudo existir, pues quizá hubiera sido trágico y el destino estaba al corriente.
    Muy buena tu narración, siempre he dicho lo que afirma alguien por ahí arriba…escribes con coherente madurez…y sin embargo resulta fresco y sencillo…esto siempre es de agradecer, pues hace más ameno tu texto: Felicidades y Besitos de peluche, al son de Behind Blue Eyes, (canción que imagino conoces del grupo LIMP BIZKIT , yo la conozco por The Who en los años 70’s)

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