domingo, 18 de diciembre de 2011
La font mágica de Montjuïc
Hace días que estoy escuchando esa típica realidad sobre la felicidad, que dice que no podré encontrar la absoluta, que he de conformarme con pequeños segundos que se desvanecen rápidamente, sustituidos por la monotonía del ir y venir y el ruido del tráfico y el olor del humo.
No podía ser más oportuno entonces la presencia de mi ciudad. Barcelona me trajo ayer un momento indescriptible que borró los coches y la contaminación. Quería compartir mi experiencia: la fuente de luces de Montjuïc es maravillosa. Jamás había visitado esta especie de espectáculo en mis dieciocho años de vida (a pesar de estar a una media hora de mi casa) y hacerlo me devolvió algo perdido, no se exactamente el que.
Después de aguantar el olor a agrio de la línea uno en el metro y chocarme con unas cuantas (muchas) personas de diferentes personalidades (algunas extravagantes) durante veinticinco minutos, el aire helado de las ventiscas de la plaza España fue un alivio. Sin comerlo ni beberlo, mi familia y yo nos adentramos en una avalancha de humanos parecida a un rebaño de ovejas cubiertas con abrigos de lana hasta cubrirnos hasta las orejas. Nosotros, dispuestos a disfrutar de la "Nit MNAC", noche en la que el Museo Nacional de Arte de Cataluña abría sus puertas gratuitamente (noticia que había leído en el 20 minutos del viernes por la mañana), ajenos todavía al espectáculo y al horario de iluminación de la fuente mágica nos mirábamos con un interrogante entre ceja y ceja. A medida que nos acercamos a alguien se le encendió la bombilla y comentó que quizás todo ese gentío que había sentado en los escalones esperaba a que "encendieran" la fuente de colores. Yo en todos los niveles de esas infinitas escaleras (mecánicas también para el que se canse) veía a gente mirando hacia abajo. Dispuestos a ver que sucedía, mi familia y yo nos quedamos quietos como las mismas recreaciones de estatuas griegas que adornaban el paseo. Nos dejó la boca abierta, el gradual descender de las luces: primero las más altas, iluminando pequeñas cascadas que parecían trasladar la luz hacia los focos de más abajo, que sin ninguna prisa llegaron hasta la fuente de luces, con el sonido de una trompeta y una gran ovación del público iniciaron un movimiento de precesión de todos los colores y todas las formas mientras empezaban a sonar las primeras notas de un villancico.
Entre la sorpresa y la emoción descubrí un momento perfecto. A la vez que escuchaba tres o cuatro idiomas distintos a mi alrededor, la magia de Barcelona y el calor de la presencia de mi familia me hicieron olvidar el rumor de la constante preocupación y responsabilidad, así como el resquicio de alguna herida que todavía no se había curado. No hubo muchos comentarios más entre nosotros mientras dejábamos a nuestras espaldas las luces de colores para llegar a nuestro destino, pero yo se que el momento no los requería. La noche terminó de nuevo, por supuesto, con el agrio olor de la línea 1, pero después de la fuente y las tres horas que pasamos envueltos de todas las épocas y movimientos artísticos habidos y por haber, me fui a la cama con una gran sonrisa.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Veig cada nit aquest raig de llum que raja del teu cos. No es per que no el desitgi que no el toco, es només que per aquesta ànsia vull agafar-ho amb delicadesa, poc a poc, com l'avia que enfila l'agulla amb dits tremolosos. Vull la satisfacció del que arriba a la seva meta i s'estira a la gespa sense respiració. Vull totes aquestes meravelles quan et sàpiga meu
per fi.
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